Las urnas amansan a las fieras. Por eso en este billete, donde se ama la paz que nace de los corazones poco agitados, se ha sugerido siempre sacar la urna para apaciguar los fervores excesivos del independentismo, bajo el lema de «donde hay un conflicto, pon una urna». Un demócrata nunca debe tener miedo a la urna, que es su sanctasanctórum, y si la teme, malo. Las urnas locales de Cataluña han mostrado a los independentistas que al gato montés aún le falta bastante para ser tigre, pero a la vez los nacionalistas españoles le han visto las garritas al felino, que no era tan minino. Si alguien se hubiera puesto a cavilar cuál sería el mejor resultado para rebajar los humos de unos y de otros habría dado con éste. En España, felizmente, el sentido común siempre está al fondo de una urna, expresado en papeletas, o en aire por falta de ellas.