Celebramos hoy el Día del Inmigrante. Es una fecha que nos compromete a todos. A los inmigrantes y, muy especialmente, a los que no lo somos. Porque la inmigración no es un hecho unilateral, sino un reto doble en el que todos estamos implicados. Y cuyo escenario es la integración.
La Comunitat Valenciana ha recibido a muchos inmigrantes en apenas diez años. Baste decir que hemos pasado de ciento cincuenta mil extranjeros residentes a cerca de novecientos mil. Un proceso intensísimo, que se ha realizado con buena voluntad, con un gran esfuerzo por parte de todos y muy especialmente por las administraciones. La sanidad valenciana, el sistema educativo y los servicios sociales son los grandes escenarios públicos donde se patentiza la nueva sociedad valenciana. La nueva ciudadanía, cada vez más participativa y más consciente de sus derechos y deberes.
Ahora bien, la enorme crisis económica que padecemos, crisis que el Gobierno de la nación es incapaz de resolver porque se niega a abordarla, está marcando un cambio en la realidad migratoria. Ello no quiere decir que ya no vengan inmigrantes a la Comunitat, pero sí es cierto que vienen muchos menos, como también lo es que, aunque en muy pequeña proporción, hay inmigrantes que retornan a sus países de origen.
En todo caso, el peso de los inmigrantes en nuestra Comunitat está llamado a crecer en los próximos años. A medio plazo continuará el incremento de los trabajadores extranjeros y de sus familias entre nosotros. Todo ello nos lleva a profundizar en el proceso de integración.
Porque ahora es, sobre todo, la integración el gran marco de las políticas en materia migratoria. La integración, que es un largo proceso. Complejo y exigente. Un proceso a través del cual el inmigrante va adquiriendo una nueva identidad. Que convive y se conjuga con su identidad originaria, que siempre será más fuerte y determinante por razones obvias.
Pero no olvidemos que esa proporción se irá invirtiendo en lo que atañe a sus hijos, cada vez más vinculados a su nueva patria. A la que llegaron muy niños, o en la que nacieron. En el equilibrio de esta doble apelación radica el éxito de la integración. En la familia, en la sociedad, en el ámbito de la acción política.
La integración es un proceso en el que interviene lo laboral, lo residencial y la sociabilidad. En esos tres ámbitos es donde todos debemos trabajar por favorecer el proceso. En el trabajo, donde convivimos con personas extranjeras, personas que, en muchos casos, han venido para quedarse. Para formar parte de esta nueva sociedad que han elegido. Permanecer en este horizonte de progreso, de derechos constitucionales, de un Estado social de derecho.
También en el ámbito de la residencia se juega parte de la integración. Todos estamos llamados a armonizar la convivencia. A evitar que surjan guetos, que se incumplan los derechos de todos. Combatir la xenofobia es una labor de cada persona. Pero eso no es suficiente: es preciso un acercamiento hacia el mundo cultural de los inmigrantes. Hacia sus valores, costumbres y tradiciones.
Poco a poco esto también se va logrando. La integración es una aventura apasionante. Porque es donde la sociedad se manifiesta más creativa, más viva, más abierta y humanista. Recordaré, por último, como muestra cotidiana de ese proceso de integración y, a la par, de universalización de lo valenciano, lo español y lo extranjero, esas conversaciones que realizan los inmigrantes en cualquiera de los dos idiomas de esta Comunitat. Esos idiomas hablados por senegaleses que departen con rumanos, con brasileños, con polacos o con ecuatorianos, esa comunicación espontánea y, a la vez, laboriosa, es una prueba de integración, de pluralidad y de esperanza.
Conseller de solidaridad y ciudadanía y portavoz del PP en las Cortes Valencianas