Víctor Alcover, jefe del Grupo de Predicción y Vigilancia de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), desvelaba ayer los retos de la predicción de fenómenos extremos en la Comunidad Valenciana. Decía que a medida que mejora la predicción, aumentan también las demandas de los organismos que manejan y toman las decisiones basadas en esa información. No basta, dijo, con predecir que lloverá torrencialmente y señalar dónde, sino que el reto es saber cómo va a evolucionar en las siguientes horas una situación meteorológica anómala cuando ya se ha desatado. Un «cliente» fijo del Grupo, la Confederación Hidrográfica del Júcar, se pregunta a menudo en estos episodios si debe soltar agua en un embalse sabiendo que provocará daños río abajo—pero evitando a su vez un daño mayor si continua lloviendo— o puede cerrar compuertas porque alguien experto le ha dicho que dejará de llover. Cuestiones complejas que exigen investigación en modelos matemáticos más detallados, mejores equipos de observación —radares y satélites—y equipos humanos sólidos y bien formados como el que sin duda está al frente de la AEMET en Valencia.
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