Cuando uno escucha en la tele una voz, entre angustiada y marcial, decir que tu país te necesita, uno tiende a levantarse y tomar la escopeta, o a esconderse e irse a la otra punta. Si escuchas tu país te necesita, y un silbido te recuerda la marcha del coronel Bogey de la película El puente sobre el río Kwai, la cosa se complica porque te lo ponen difícil y en vez de pensar en trasnoches como David Lean y mucho menos en Malcolm Arnold, una virguería intelectual al alcance de cualquiera que indague tres segundos en la Red para conocer el autor de la pieza, piensas en la salvación de la patria, piensas, nadie lo duda, en Eurovisión. Tu país te necesita, dice la voz del narrador de La 1, entre jaranero y la madre que lo parió. Está claro que Miguel Ángel Moratinos es un mastuerzo, un boca ancha, un tragaldabas del que se ríe medio mundo, y como la política exterior de este país que nos necesita es un desastre, Europa se nos resiste desde hace décadas, pero hasta cuando gobernaba el Gran Líder, el culpable de la humillación era él, Moratinos, por zopenco. Aún resuena en mis orejas de burro el verbo de Mariloli de Cospedal, esa dama de facciones marcadas y patrióticas ideas que sabe explicar al pueblo con llanas palabras, como hace la reaparecida Belén Esteban con un mentiendes que entiende todo el mundo, por qué ni los bosnios nos votan y los de Al Qaeda secuestran a los nuestros. Porque no somos nadie y se ríe de nosotros el sultán Mohamed VI y por supuesto arios, parios, moros de la morería, y rumanos y polacos, que vienen a trabajar, vuelven a sus países, y luego, ya en el salón de sus casas, cuando canta Soraya, hala, a poyeya.
Macarena. El histórico desprecio, ni siquiera redimido por el mesías Chiquilicuatre, puso las cosas en su sitio. Hasta este año. Ya hay evidentes síntomas de que el asunto se remedia. Los anuncios van siete pueblos delante de la media nacional, y si nos fijamos en el de esos soldados que esperan en el campo de batalla el reparto de los paquetes con comida que envían los familiares, no hay Mariloli que resista la evidencia por mucho que en la sede del PP se pongan estirados y miren a otro sitio. Los soldados británicos del anuncio se hacen los locos para quedarse con el paquete español tratando de endilgar el necio pudin inglés a los nuestros, y hasta niegan, como el del cuento, la mayor, que por desconocer hasta desconocen que un país se llame España. ¿España?, pregunta un rambo con malas pulgas y churretes en la cara mientras sujeta con fuerza el paquete de la discordia. Pero nuestro chico es listo, y arrugando la frente y mirando a los ojos al enemigo echa mano de una idea infalible. Tararea La Macarena, ahhhh, contesta el pardillo de siempre en el bando británico, y sin más cojones, el mundo vuelve a girar como es debido. El pudin, de los ingleses. El jamón cocido, de los españoles. Salvados por La Macarena. ¿Qué me dicen? Supongo que será difícil, o muy difícil, elegir a un representante patrio para que nos represente en Eurovisión, y de ahí que TVE considere la disputa de primer orden y eche mano, como los del anuncio, a rebato nacional con marcadas resonancias militares, también es verdad que, todavía, en los primeros momentos de la guerra, sin contar con Carme Chacón y sus tanques. Ya veremos. ¿Bastará con Karmele Marchante? Tengo lo que queda de mi corazón pasota partido en dos.
Karmele no tiene gracia. Me explico. ¿Cogemos el fusil, o nos vamos de aquí? Lo del Chiquilicuatre fue una idea gamberra de Andréu Buenafuente y su factoría, que tuvo que tragarse, supongo que con un dolor insoportable, la televisión pública, que se vio arrastrada por la ola inesperada de simpatía, un furor que TVE interpretó –mal- como la resurrección del festival. Aquello no había por dónde cogerlo. Nos reímos un poquito, y se olvidó todo, el chiquilicuatre y el festival. Quiero decir que lo de Telecinco, lo de Sálvame, lo de Karmele y sus colegas ya no tiene gracia. El efecto sorpresa ha dado paso con la propuesta del pato mareado de Marchante al efecto qué poca gracia tiene esta tía. Punto pelota, rúbrica con que la Esteban sigue firmando sus intervenciones para dejar claro que le han operado la jeta, pero no el cerebro. Y en éstas pide paso, con el tupé repeinado, un señor de Almería, un inmenso coral es su hermosa bahía. Va bailando por la playa María Antonia, canta para la ocasión Manolo Escobar, al que veo en unos planos finales dando gracias a Dios al enterarse de que su esposa no sólo está preñada sino que está preñada de gemelos, es decir, de varios cristianos, apostólicos y romanos juntos, y eso a pesar de que el semental de la película ya tenía una decena de churumbeles repeinados, redichos, educados como Dios manda.
Wyoming y Tertsch. La escena pasaba en Cine de barrio, aunque esta vez a Carmen Sevilla sólo la vimos emperifollada -más emperi que lo otro- sentadita en su sofá. Directo al grano, ¿serviría Manolo Escobar para Eurovisión? Hay propuestas más atrevidas proponiendo a otra de la caverna, aún más chiflada, sardesca, y ordinaria. ¿Qué tal Marujita Díaz? Antena 3, en un alarde de picardía y malicia, está llamando a las urnas para conocer al más petardo del año, por supuesto rebuscado entre la basurilla catódica, y juro por el perfume solidario de Ana Rosa que ni por equivocación pienso en el polemista Hermann Tertsch, ahora mártir para los programas cavernícolas de la TDT que apuntan con el dedo de la culpa a Wyoming, aunque el Gran está seguro de que la noche de la trifulca no estuvo en el bar de copas donde, al parecer, atizaron al convaleciente. Esperanza Aguirre, dueña liberal que te cagas de Telemadrid, tampoco estaba allí, pero ha inculpado al humorista porque ella sólo admite la manipulación de trinchera de su cadena, teniendo la certeza de que es este país quien la necesita. Mientras, Poty, a falta de ¡Mira quién baila! organiza los bailes del ¡Mira qué culo! Han ganado dos, Moise Chery y Eva Fernández. ¿Y si estuviéramos equivocados y lo que este país necesita no es un cantante sino el pandero del petardo que busca Antena 3?