El ex presidente Jacques Chirac salió muy mal parado del interrogatorio al que le sometió el juez de una pedanía de París. Salió imputado por segunda vez en el caso de los empleos ficticios que supuestamente creó en el Ayuntamiento de París cuando era alcalde para pagarle sendos salarios a siete miembros de su partido. La acusación es que el ayuntamiento pagaba sueldos a funcionarios del partido que figuraban como empleados municipales sin realizar ningún trabajo efectivo. Lo cual aquí suena, en principio, a los asesores municipales, provinciales y autonómicos que colocan los partidos en las instituciones, unos para hacer de asesores y otros para no hacer nada. Lo interesante de la justicia francesa, que va lenta como todas, pero segura, es que considere este asunto como un delito del que no se escapa ni el ex presidente de la France. Lo llaman allí «apoderamiento ilícito de intereses». Tomen nota.