El campamento mediático se alza. La vida es dura para el cazador de dramas, que debe servirlos en caliente al consumidor del primer mundo, incapaz de desayunarse sin un pico de sufrimiento ajeno. El aeropuerto de Lanzarote era el plató perfecto, pero El Aaiún es otra cosa, y además la Nochebuena está ya encima, y hay que volver a casa por Navidad. Por otra parte, la noticia estaba en la zozobra por la vida de Haidar, y lo que ahora queda allí es cosa cotidiana, la represión y el cerco al disidente de cada día, nada que valga un plano. Los activistas se meten en sus casas, se echa encima la noche mediática, y sin los focos encendidos sobre las cabezas, como un ojo de Dios que vigila, puede ocurrir cualquier cosa. Haidar y los suyos quisieran retener allí un poco más a los medios, pero el último cámara cierra a toda prisa las cajas con el material, no le da buena espina quedarse rezagado.