Un país que se respete debe alentar el rigor en todas sus actividades profesionales y mejor nos iría si médicos, empresarios, empleados públicos de todo tipo, financieros, policías e incluso ministros, consellers y políticos de la oposición, hicieran su trabajo con dedicación e ilusión, conscientes de que, si bien son nuestras relaciones privadas las que nos deparan más satisfacciones a lo largo de la vida, la manera en que cada uno contribuye a hacer mejor el mundo es a través de su profesión. Hay, por lo tanto, que recuperar el orgullo por el trabajo bien hecho y la seriedad en cualquier actividad, por humilde que parezca.
Por otra parte, debemos ser conscientes de que el respeto a la intimidad de las personas y a su dignidad exige algo tan elemental como el secreto en muchas actividades profesionales. Médicos, analistas, abogados, profesores, no pueden divulgar las informaciones que poseen acerca de sus pacientes, sus clientes o sus estudiantes y tan solo deben informar a quien corresponda del contenido de sus informes.
Los constantes escándalos de divulgación de secretos sumariales, la difusión de informes médicos o de comisiones de investigación así como la filtración de las deliberaciones del consejo de ministros, más allá de contribuir a la transparencia informativa son pruebas fehacientes de la mala salud de que disfrutan muchas de nuestras actividades profesionales, de la falta de rigor y del menosprecio al secreto profesional que nos aqueja.
Si queremos recuperar la competitividad de nuestra economía, si aspiramos a aumentar la productividad y deseamos orientar nuestra sociedad hacia un nuevo paradigma de sostenibilidad y de recuperación de la convivencia ciudadana, el rigor y el secreto profesional son dos aspectos fundamentales que, lamentablemente, no pueden legislarse ni imponerse vía decreto. Será imprescindible que todos y cada uno de nosotros los interioricemos y los practiquemos, pues en caso contrario, volverán a repetirse los acontecimientos lamentables de linchamiento mediático de inocentes que todos desearíamos evitar y que poco o nada dicen sobre la seriedad de muchos profesionales y, menos aún, del cariz morboso que está tomando nuestra sociedad que alienta a muchos medios de comunicación a dar una importancia innecesaria a los temas mas escabrosos.