Algo tiene el sorteo de la Lotería como espacio de televisión que afecta sin remedio a quien se tira la mañana del 22 de diciembre al pie del bombo. Ese día, como sabemos, la gente salta con el vaso de plástico en una mano y el número premiado en la otra. Pero la cosa profesional tiene sus efectos secundarios. Nocivos. Recordemos.
Hace quinientos años, cuando en la pantalla aún no eructaba Paquirrín ni conocíamos a Gerardo Díaz Ferrán, el terrible y cachondo empresario que da recetas al Gobierno para salir de la crisis mientras sus empresas se van a pique, sin ánimo de hacer el chiste fácil tratándose de aviones, ya estaba Teresa Viejo haciendo cucamonas con la Lotería. Se ve que en esos años el virus tóxico la inoculó sin antídoto. Saltó como una loca a Antena 3 para hacer burradas inclasificables como TNT o 7 días, 7 noches. Tampoco salió indemne Sandra Daviú, que también fue chica bombo en La 1, también picada por el mosquito del basurero, y también saltó enfangada como las cabras a la misma casa después de su contacto con los décimos, pedreas, y niños de San Ildefonso. Le tocó el Gordo. Y cebada de presentes maneja como una reina la barca de la infamia de El diario con la alucinante colaboración del respetable, que salta del sofá de casa al de los testimonios impúdicos en un bucle nauseabundo.
Estaremos atentos a la evolución de Ana Belén Roig, que por ahora sólo ha saltado del Canal 24H al especial del día 22. La excepción al mal fario de la Lotería es Carlos Fabra, el presidente provincial del PP en Castellón. Desde hace años, siempre le toca. Pero es un hombre discreto y no brinda ante las cámaras con vasos de plástico. Sólo se lo dice al juez. Señor, señor, ¿y este año?