Habrá que decir al fin que, para rehacer el mapa, España debería esforzarse en ganar su puesto como patria de todos? Con el viejo formato la patria que se ofrece al mercado de hijos (de la patria) no es apetecible. El discurso de nuestros patriotas lleva restos del antiguo cocido, como «Gibraltar, español», y un raro derecho, nunca del todo olvidado, sobre Marruecos. Relictos de la antigua monserga del imperio que funcionan como el dolor de un mutilado al que aún le duelen los miembros que ha perdido. La patria a ofertar, sobre un solar cuajado de historia, es otra cosa. Una idea de convivencia entre diferentes, individuos y pueblos, algunos muy suyos. Una vocación de crecer con Europa, haciéndola más generosa y digna. Un acento fuerte en la lengua y la cultura. Una voz, alta y clara, en asuntos como el clima o la globalización de los derechos. Por ahí podría ir la patria interesante.