Una vez un vecino vino a mi piso a llamarme guarra, con todas las letras. Aunque yo estaba desmontando la casa y la había puesto en venta, me acusó de no limpiar la escalera cada quince días y aseguró que tenía pruebas porque había escondido marcas entre los escalones.
A mí me dio la risa. Natural. Cómo no voy a reírme de un fulano que tiene tan poca faena como para poner trampas en el rellano, pero él se cabreó tanto al ver que no me lo tomaba en serio que por un momento pensé que íbamos a llegar a las manos y aunque luego hicimos las paces, nuestra relación ya nunca ha sido la misma. Él piensa que soy una gorrina, y yo creo que le falta un tornillo y le sobra el tiempo para fisgar lo que hacen los demás.
Algo parecido ha de pasarles a los de la Organización Impulsora de Discapacitados, que acaban de poner una denuncia contra Loterías y Apuestas del Estado porque creen que utilizan de mala manera a los niños de San Ildefonso. Dicen que el hecho de que canten la lotería de Navidad, la del Niño y la de todos los jueves y sábados del año puede vulnerar los derechos del niño. Hombre. Pues qué quieren que les diga. Que tienen poca faena.
Ya apuntaron maneras cuando les dio por apoyar a Belén Esteban cuando el defensor del menor de la Comunidad de Madrid pidió que dejase de hablar de su hija (Andrea) en los medios de comunicación porque no era de recibo que toda España supiera si su padre iba a verla o si se comía el pollo y cosas por el estilo. Los de la OID (los discapacitados) no sólo denunciaron a Arturo Canalda (el defensor del menor) sino que se pusieron a recoger firmas para apoyar a la Esteban. Como si le hiciera falta. A la Esteban, quiero decir.
La Esteban vive en el país que se merece, un país que no sabe quién es Herta Müller (la última Premio Nobel de Literatura) pero se conoce al dedillo la vida de la tía Lali (la tía materna de Jesulín), un país que no lee libros pero que agota revistas para ver cómo le ha quedado la jeta después de operarse, y que se queda en casa un viernes por la noche con el mismo propósito (verle la nariz nueva).
Pero yo contra Belén no tengo nada, ojo. Todo lo contrario. La admiro y la envidio con sinceridad. Qué más quisiera yo que ganar lo que ella gana y mover lo que ella mueve, como la denuncia de los disminuidos, empeñados en defenderla igual que ahora quieren defender a los niños de San Ildefonso, que, hasta donde yo sé, están encantados de la vida de cantar los números premiados. Lo que desconozco es si estas funciones (esto es, apoyar a las musas de la televisión) forman parte de su cometido.
Si es así, dentro de poco denunciarán a los niños toreros, cantantes o artistas en general. Claro, que también puede ser que estén intentando que todo el mundo hable de ellos, aunque sea a costa de parecerse tanto a ese vecino que me llamó marrana, que tenía muy poca faena y que muy listo, la verdad, no parecía.