Constatar que en la inmensa mayoría de los 542 municipios de la Comunitat Valenciana se ha, como mínimo, duplicado la plantilla de funcionarios y personal laboral impacta más que intuirlo o advertirlo. Los ayuntamientos valencianos han puesto su capítulo número 1 del presupuesto, el de personal, por las nubes como consecuencia del proceso de crecimiento desorbitado y alegre de los últimos diez años. En la misma medida — hay que suponerlo— se han aumentado los impuestos, los servicios al ciudadano pero, también, los gastos de funcionamiento. Los municipios han multiplicado sus servicios y han comprometido su deuda y sus gastos fijos como si los ingresos fueran inagotables y, lo que es peor, como si fueran a crecer constantemente.
En el caso de los municipios donde en los últimos años se ha producido un destacado desarrollo urbanístico, se ha cuadruplicado. La ligereza con que han abordado este asunto los responsables políticos está en correlación con la negligencia y con las ganas de perpetuarse en los puestos, aunque para ello hiciera falta aplicar la estrategia del pan para hoy y hambre para mañana. Súmenle a ello el orgullo patrio y nos encontraremos con una duplicidad de servicios entre municipios cercanos, una falta de coordinación soberbia y un crecimiento paralelo innecesario y sangrante de las arcas públicas.
Pues bien, si cuando todo crecía también aumentaron los sueldos y el personal, ahora toca adaptar la situación de las plantillas de los empleados municipales a la falta de ingresos que padecen los consistorios como consecuencia del parón inmobiliario. De lo contrario se incurrirá, ahora en sentido inverso, en la misma irresponsabilidad.