Aunque de forma casi imperceptible, desde el solsticio del pasado día 21 aumenta la duración global del día, que no parará de crecer hasta el solsticio de verano en junio. Esa ligera ganancia del tiempo de luz se debe a que el Sol se oculta por las tardes cada vez más tarde. Sin embargo, todavía no amanece más temprano. Entramos en los días del año en los que el Sol sale más tarde, y el alba aún se retrasará más con el inminente cambio de año, ya que es en la primera semana de enero cuando el astro rey tarda más en aparecer. A partir del 10 de enero, y especialmente a finales de ese mes, el aumento de horas de luz se nota tanto por la mañana como por la tarde, pero por ahora sólo ganamos algo en la puesta de Sol, pero no en su salida. Son las cosas de la mecánica celeste y de los ángulos de posición entre la Tierra y la estrella que alumbra nuestro planeta. El 1 de enero, el día —en tiempo de luz— dura aproximadamente 9 horas y 21 minutos, casi 6 horas menos que el primero de julio. El resto es oscuridad debido a la larga duración de la noche invernal.
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