Tigger Woods se someterá a una terapia para su adicción al sexo. Al parecer hay también ya terapias para tratar la adicción a la cirugía facial, un mal que lleva hasta a endeudarse de por vida para cambiar de cara. Antiguas terapias antiadictivas, centradas en bebida, tabaco, drogas duras y juego, son ya sectores maduros, con poco margen, y la clínica puntera se desplaza hacia las adicciones emergentes. Ahora bien, ¿por qué se excluyen algunas, cuando está claro que causan estragos incluso sociales? ¿Para cuándo una terapia que cure la adicción desaforada al dinero, que ha estado a punto de hundirnos? A fin de cuentas, Woods sólo hacía daño a su familia, nada comparable, por ejemplo, con Madoff, cuya adicción se llevó a miles de ahorradores por delante. El que éstos fueran también adictos no cambia las cosas. ¿Y la adicción a curarse adicciones?