Señores de Antena 3, si no recibo en pocos días el detalle que prometían a quienes dieron dinero en la gala Inocente, y yo di 100 euros, jamás volveré a participar en ella y por más que Juan y Medio se arranque el bigote a pellizcos pensaré que no todo es tan claro como dicen. Lo anterior es una interpretación ajustada de la queja que leo en Internet de alguien que el pasado año, en el furor de la solidaridad inducida, envió dinerillo a la Fundación Inocente pasando por el centro de llamadas de la cadena.
No seré yo quien aliente desde aquí la sospecha de que estas alharacas caritativas de jornada televisada esconden gatillo encerrado, pero tampoco soy inocente, inocente. Todos pillan cacho. Este año, además del fijo, la cosa fue presentada por Óscar Martínez, rescatado del guardapolvo donde tenían al chico metido, que pagó su propia inocentada dejando TeleEsteban.
Pero en estos días extremos, de abrazos y besos programados, de saludos y mensajes, de comidas y derroches sin cuento, de programas entre ñoños y repetidos año tras año, me fijo en una cuadrilla que estando en el mundo parece ajeno a él, incluso tocando como han hecho el «entrañable tema navideño». Hablo de Decogarden.
¿Les suena? Sé que hablar de plantas y mesas arrumbadas que se recuperan con una mano de pintura, como Óscar Martínez, en unos días de estrellitas, campanillas, galas y tralla peliculera de alto voltaje es como estar zumbado. Y no negarlo. Yolanda Alzola es la presentadora y decoradora del programa, y la otra mañana, moño en alto como corresponde a fechas tan señaladas, resumió lo que dio de sí el año. Junto a ella, en las cosas del follaje, Íñigo Segurola, de voz como surgida de la oscura maleza. Creo que es lo único inocente en TeleEsteban.