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Los riesgos de la falta de vocación política de los políticos

 05:30  

José J. Santonja Lucas

El actual desprestigio de los políticos es consecuencia de que han traicionado su «vocación»: la política, para cuyos elevados fines, la sociedad les otorga el poder legislativo, también el ejecutivo, proyectado con ayuda de los funcionarios.
El compromiso con sus funciones de políticos y funcionarios es dispar, recordemos la expresión de un político de que estaba para «forrarse», o el de mi amiga opositora, de que así dispondría de recursos para otras cosas. Ambos consiguieron elevados puestos. Son ejemplos que les alienta a rentabilizar estas «otras» posibilidades del poder.
Con excepciones, la lucha política actual busca colmar ansias de poder, satisfacer vanidades y, con disimulo, «forrarse», en todas sus acepciones.
Vemos cómo los partidos políticos están evolucionando «in crescendo» hacia «organizaciones» sin ideología que, para conseguir votos, olvidan las ideas y generan «emociones». Esta perversión complica la convivencia, descohesiona la sociedad, y provoca enfrentamientos. Los puestos políticos que pueden alcanzarse, sin un sustento ideológico, cristalizan por equilibrios de complicidades de intereses y favores, sin bases técnicas ni éticas.
El arte de muchos políticos es convertir sus actos en autopropaganda. Muchos ciudadanos por ingenuidad, esperanza de aproximarse al poder o enrocamiento emocional, mantienen una fe ciega que, ni siquiera, las evidencias claras de corrupción les llevan a cuestionar.
Desde el poder, para conseguir «forrarse» se necesita la complicidad de los funcionarios. Estos, por instinto de supervivencia, miran hacia otro lado, además, como decía la opositora, se consiguen recursos para otras cosas. Es fácil la reciprocidad de complicidades. A otros se les incentiva, satisfaciendo vanidades personales, «familiares» y económicas. La complicidad suprema es la del «cargo de confianza», de nombramiento discrecional y arbitrario, igual que su cese, pero, entre tanto, recibe enormes incentivos, y su poder transgrede límites legales y éticos. Son el parachoques del poder, por lo que cuando las cosas se tuercen, asumen la culpabilidad. Muchos son solo sicarios, sin valores éticos.
Las corrupciones que suele transcender suele ser las monetarias, pero hay otras, con transfondo económico, con multitud de expresiones en los servicios públicos, que también producen inseguridad. A veces, han eclosionado en accidentes, cuya investigación fue controlada, disminuyendo el nivel de exigencia de los damnificados, con escandalosas indemnizaciones, y con la colaboración de fieles especialistas, «proclives» a defender la imprevisibilidad o la existencia de terceros factores. Si la culpabilidad puede proyectarse sobre una victima (el trabajador suicida), el escenario es muy favorable.
Otras veces esta corrupción genera un goteo de victimas, disimuladas en la incertidumbre y labilidad de la «vida», mientras se oculta el papel de la falta de recursos, desviados a fines más lucrativos, su inadecuada utilización, sin control de calidad, o la ineptitud de los responsables, digitalmente colocados. Esta es una situación cada vez más frecuente, en especial, en la sanidad pública, donde algunos políticos están más preocupados en su «privatización», facilitando el montaje de negocios a amigos, personales o corporativos, cuya excelencia y rentabilidad fomentan provocando el deterioro de lo público, donde debiera estar su responsabilidad, pero solo les interesa para emplear a familiares y amigos. Parece que la sociedad esto lo tiene asumido y sus consecuencias se ocultan, con engaños o indemnizaciones: Una peculiar lotería. Después el discurso presume de gestión hacia la «excelencia» que, vista de cerca, es solo «excelencia en chapuzas decoradas».
Necesitamos reflexionar más sobre la situación socio-política actual y, para cambiarla, eliminar el clima de miedo que se ha instaurado, fomentar los juicios críticos: Comprometerse. Seguir mirando hacia otro lado, es complicidad, que nos facilita hoy nuestra defensa, pero nos convierte mañana en sus victimas.
Es necesario que los políticos fieles a su vocación y los funcionarios responsables, afloren y reconduzcan la situación. Ellos necesitan la ayuda de todos. Me quedan fuerzas para hacer más.

Profesor titular de la Facultad de Medicina. Universitat de València

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