Francisco Camps no ha tardado mucho en devolverle el guantazo a su amigo González Pons, quien a sus dos funciones, tarde y noche, de, primero, ponerle hora y fin a las largas que le estaba dando Camps a Rajoy para no tirar de una vez por todas y que saliera de la pantalla a Peter Sellers-Ricardo Costa y, segundo, de abortar el programa de rehabilitación del ex secretario general, añadió una extraordinaria el fin de semana pasado cuando, todo disciplinado, Pons les recordó a los Cotino, Blasco y, por supuesto, a Camps que Madrid ha dicho que el PP manchego es el que tiene la batuta en la negociación del estatuto y sus pretensiones sobre el trasvase y la reserva de agua del Júcar. Esto último lo dijo Pons el viernes. El lunes, Clemente le replicaba, de parte de Camps, que los diputados valencianos, él incluido, votarían lo que se diga aquí y no en Madrid. Pons rectificó «in extremis», pero la torta ya se la había llevado.