Con el pelo lacio, con el pelo rizado, con tirabuzones, con faldita corta, con vestido sin tirantes, con tirantes, de perfil, de frente, grabada, en directo, Anne Igartiburu es una presencia que parece no tener vida fuera de la televisión. ¿La tiene? No se había quitado la repulida minifalda roja con escote a ras de canalillo para conocer si el de Bisbal era el mejor disco del año cuando ya le estaban cardando el pelo para ponerse en un balcón de Madrid y darnos las uvas. Qué salero tiene la jodía. Estando ella, ni María Zabay en lo del disco, ni Manuel Bandera en las campanas son algo más que comparsa. Bien. Me descolgué de los brincos de Bisbal al instante, así que no sé si por un milagro resultó que Ainhoa Arteta pudo a Pitingo, esa cresta. El día 31salió en lo de las uvas, pero no salió en lo de José Mota, que sí sacó, para troncharse, a Íker Jiménez y su cuentacuentos.
Tampoco, por más que corrí a ver qué pasaba, Igartiburu salió con Jorge Javier Vázquez y Belén Esteban. Y lo mejor, Antena 3, la cadena que se la coge con papel de liar, dando como resultado una pasta grisácea de corrección conventual, no sólo no sacó a nuestra amiga sino que echaron mano de Antonio Garrido y Patricia Montero en vez de, qué atrevidos, a Homer Simpson. Se mire como se mire, todos friquis. El cava, los confetis, el tolón tolón, las risas, la alegría, los langostinos, la gomina, los petardos, la felicidad programada. Y de repente, en Cuatro, Los Manolos, Manu Carreño y Manolo Lama, se ponen el esmoquin y despiden el año desde Sudáfrica. El fútbol los pone locos, pero no tanto como para echar mano de Anne. Desagradecidos. Pregunta final. ¿En el nuevo año, el de sin publicidad y sin ¡Mira quién baila!, tendrá un hueco en el Telediario?