Me pasa lo de siempre. Que quiero escribir una columna, pero se me cruza otra. ¿Qué quiero escribir? Pues que la mayoría de los españoles (el 85 %, en concreto) está muy satisfecho con su vida sexual. ¿Por qué quiero escribir sobre este tema? En primer lugar, porque me parece cojonudo que después de todo lo que nos quejamos resulte que tanta gente esté contenta con sus relaciones, y después, porque me parece brillante que el Ministerio de Sanidad se interese por semejante cuestión. Lo digo sin coñas. No quiero ponerme ordinaria, pero el sexo y la salud están tan íntimamente relacionados que lo que me sorprende es que la cópula no esté considerado un asunto de primer orden en cuanto a salud pública, como las dosis de la vacuna para la gripe A que custodiaba el ejército.
Imaginen, por ejemplo, esta escena en una consulta. «¿Qué le pasa?». «Pues nada, que duermo mal, que estoy de mal humor, que no me siento bien y que me duele la cabeza». El doctor reflexiona un instante, le pide una analítica completa (para descartar) y le extiende una receta en la que le manda un coito (no quiero ser ordinaria, insisto) cada ocho horas. Mucho mejor que el ibuprofeno. Diferencia va.
De acuerdo conmigo estará el 77% de los encuestados. Todos ellos creen que la sexualidad es muy importante, sobre todo para amar y sentirse amados. Qué monos. La encuesta revela otros datos, como que la edad media para empezara a intercambiar fluidos está entre los 17 y los 18 años, o que la fuente fundamental de información sobre la prevención de embarazos y/o enfermedades está en los padres, el colegio, el personal sanitario y los amigos. También con los amigos se habla de los temas que nos preocupan. Según la encuesta, los hombres se inquietan más por la falta de pareja y de experiencia sexual, y a nosotras, además de la inexperiencia, nos alarma la pérdida del deseo sexual, y el miedo al embarazo.
El estudio confirma que cerca del 40% de los encuestados no usó ningún tipo de protección en su primera relación y que el 22% de los hombres y el 19% de las mujeres dice no haber empleado método alguno. Y aquí se me cruza el otro tema de la columna, porque me da por pensar que estos (los que prefieren quedarse embarazados y/o contagiarse con alguna enfermedad de transmisión sexual), lo mismo fueron el domingo pasado a la misa de la Sagrada Familia del domingo pasado en Madrid. Yo misma iba a ir, y eso que sí he usado preservativo cantidad de veces. Pero iba a ir porque soy de la opinión de que las cosas hay que verlas para creerlas, y me apetecía pegarme un viaje para ver con mis propios ojos cómo hay gente capaz de decirle a mi hija, por ejemplo, que no forma parte de una familia porque sus papás no se han casado por la Iglesia, o de gritarle a mi amiga X (pongo X para disimular) que es la culpable de la desintegración de la sociedad por haber abortado o por haberse separado, o a mis amigos Y (pongo Y por el mismo motivo que antes puse X) les acusen poco menos que de exterminar a la humanidad por ser homosexuales y disfrutar de sus derechos. Hubiera ido para ver con mis propios ojos, ya digo, cómo estas personas que criticaron el aborto o los nuevos modelos de familia, no corearon ninguna arenga para censurar (e incluso, por qué no, insultar) a los pederastas, a los maltratadores de niños, o a los que los abandonan en un campo de naranjos.
Pero me dio pereza. Pereza de ir y pereza de esperar que todas estas personas se den cuenta de que el resto de los seres humanos que no estábamos en la plaza de Lima hace ya años que cambiamos de siglo. Y de milenio.