PEDRO MUELAS
Jorge Alarte está cómodo en su papel, en el papel que él mismo se ha escrito en este teatro de la actualidad—perdón por la expresión— al que asistimos cada día, muchos sin pagar ni un duro. Menudo regalo de Navidad le dio el gobierno de Zapatero — al que ni está ni se le espera por aquí— con la moratoria de los chiringuitos para que sigan campando por sus fueros. Alarte se pasó de bando justo a tiempo para recoger las mieles de la campaña mediático-política. La alegría que le expresaron los hosteleros valencianos, con foto por supuesto incluida, eso sí que era un regalo navideño. Le daban la razón a su nuevo estilo, al cambio de rumbo, al se acabó la política a la contra, al se acabó el partido del no, tal como le advertían los informes, los estudios, las encuestas y los votos. Así da gusto, tu. Hasta saliendo en Canal 9. Bon Nadal.
Como aquello de reunirse con la patronal, con los patronos, y asumir las ideas de los patronos para cambiar el modelo económico valenciano, el que los empresarios, precisamente, han impuesto o han desarrollado. Qué distinto de la clandestinidad de Joan Ignasi Pla. Con tele y todo. Se anduvo además listo para el requiebro: «El cambio lo necesita liderar otra persona que no sea Camps» que es, precisamente, lo que le habían pedido al presidente los representantes empresariales pocos días antes. En fin un enredo de alcoba del que ha salido con bien, sobre todo porque esos estudios-informes-recetas, como se está viendo, van a ir a parar a donde yo me sé.
Pero en lo que sí se encuentra a gusto Alarte es en lo de defender a muerte que no se cierre el trasvase del Tajo-Segura y que no se reserve Castilla-La Mancha sus 6.000 hm3 que no tiene ni en pintura. «A mi que me registren», se dirá mientras ve cómo se enreda Francisco Camps con toda la cuerda que ha soltado de los trasvases y ahora se la está pasando por el cuello su «amiga» Dolores de Cospedal, exigiendo que los diputados del PP, incluyendo los de la Comunitat Valenciana, den su voto a favor de las pretensiones manchegas.
Este pulso no le podría llegar en peor momento a Camps ni a la propia Comunitat Valenciana. El presidente tiene una posición débil en el partido. No es el arrasador barón de los tiempos del congreso en Valencia del PP español —de la factoría Orange Market— «más grande de la historia y que nadie olvidará», que dijo, ¡cómo olvidarlo!, Ricardo Costa . Todo lo contrario. Gürtel le ha cortado de raíz, como mínimo, las fuerzas y con él a la CV en la negociación que está abierta, en el pulso que mantiene con la María de los Dolores, aspirante a presidir pronto la Junta de Castilla-La Mancha. Ya no puede Camps ni ir a Rajoy a recordarle que fue el primero en apoyarlo y el que más votos le da a las siglas en toda España.
La prueba está en que en el dime y te digo de las declaraciones públicas, el secretario general valenciano, Antonio Clemente, dijo que los diputados valencianos votarían en contra del estatuto si se mantenía la reserva, luego fue De Cospedal la que, incluso después de la reunión que mantuvo cara a cara con Camps y Valcárcel, echó la pata en la espalda de los valencianos insistiendo en que harían lo que mandara ella. Luego le contestaría, forzado por los periodistas, tímida y vagamente David Serra —menos fuerte todavía— y, en Nochevieja, un evasivo Camps perdió la ocasión solemne de su discurso oficial para aclarar las cosas. Y es que las cosas no están claras, bajan turbias con todas estas tormentas. Y Alarte, el más encantado. Otra vez quedan lejos para el PSPV los tiempos de la reunión de Pla en el Delta del Ebro, con Maragall y compañía. Lo tuvo clarísimo desde el primer día: lo diga quien lo diga, socialistas de La Mancha o socialistas de Madrid, no al cierre del Tajo-Segura. Y a mi que me registren, ni siquiera— pensará— he dicho ni pio del trasvase del Ebro, ni tengo por qué decirlo. Además ¿no será hora de reconvertir esto?
Y nadie, a todas éstas, sabe qué se va a votar, ni quién va a votar el Estatuto manchego. Ni siquiera los de Alarte, si se puede decir así, —¿o hay que decir los de Fernández de la Vega?— saben qué tocaría votar.
Regalo imposible a Costa Pretendían desde Valencia regalarle por Reyes un escaño mejor a Ricardo Costa en las Corts Valencianes. Blasco, como casi todo, lo tenía previsto. Campaña de desintoxicación, campaña de rehabilitación y a funcionar. Todos están encantados ahora con Ricardo, un tío cojonudo cuando antes era deplorable e indecente. Hasta Rajoy-Pons-Cospedal. La comisión todavía no ha estudiado su caso, pero todos se han puesto de acuerdo. ¿Qué ha pasado?