Hablan, reconozco todas las palabras que usan, o casi todas, pero no los sigo. ¿Me pasa algo? Los veo contentísimos, y tampoco lo entiendo. Sigo escuchándolos, y observo que se van creciendo, que enfatizan las palabras, y que algunas sílabas se prolongan hasta un punto en que la garganta no da más de sí y salen gallos. Hablan de chicharreros, hablan de que el delantero titular trata de sorprendernos porque lanza un balón que va a colgar arriba. ¿Un balón que va a colgar arriba? El técnico, continúa el críptico locutor, mira el peligro de frente, pero Canales pone otra vez el cuero en el palo, hay tensión, igualdad, y veremos si la lluvia hace que los dos equipos que están en zona baja nos, ah, es Chipé, sí, córner, se ha tirado al suelo, y el colegiado le pide a Chipé que, el bando izquierdo, ah, Mikel Alonso, ah, dispara, potente, hay falta, penaltiiiiiii, el remate, sigue atacandoooo.
¿El cuero en el palo, zona baja nos, le pide a Chipé que, el bando izquierdo, ah, penaltiiii? Cuando la imagen vuelve al estudio veo a tres tipos sentados en una mesa. Uno de ellos da paso a las conexiones, estimula a sus compañeros, siempre sonríe, es Patxi Alonso. Con él, Gica Craioveanu, Kiko Narváez y Antonio Maceda. No son tan histriones como Patxi, pero están a la altura. Se nota el buen rollito. Lástima que uno haya llegado tarde, muy tarde, a la juerga radiofónica que montan los domingos en La Sexta. Es Minuto y resultado, un programa de televisión armado con los sombrajes de la radio. No dan tregua. Y conocen a qué tipo de gente se dirigen. Un público al que no le chirría la oreja cuando en la conexión David Vidal dice que el disparo se lo comió crudo y que van 15 de la segunda parte. Ah, y otro, en el plató, hace de Golograma. ¿Toman algo?