Las olas de frío, como la reciente a finales del otoño, tienen importantes consecuencias sobre la fauna y entre las especies más vulnerables se encuentran las aves. La cornisa cantábrica, concretamente el territorio conocido como la marina—franja por debajo de los 400 metros de altitud, libre de nieve— suele convertirse en zona de refugio y alimentación para bandos de avefrías, chorlitos, zorzales, agachadizas y becadas. Los miles de pájaros procedentes del territorio continental más gélido llegan a la península con sus reservas diezmadas porque han realizado importantes desplazamientos desde los lugares donde invernan habitualmente. Por esta razón, la Sociedad Española de Ornitología (SEO/Birdlife) ha lanzado la alarma para evitar matanzas de aves incontroladas y «poco éticas», según la entidad conservacionista, como las que se produjeron hace un año en Cantabria. Tanto SEO como el Club de Cazadores de Becada han reclamado a las administraciones que se extreme la vigilancia durante las olas de frío «para evitar matanzas de las aves migradoras que buscan cobijo en nuestras campiñas».
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