A lo largo de la historia se han aportado muchas hipótesis astronómicas para tratar de explicar qué fue aquella estrella (aunque quizá, la intención del evangelista fuera realzar simbólicamente el acontecimiento). En el fresco de Giotto «La adoración de los Reyes Magos», el pintor representa la estrella como un cometa. De hecho, Giotto pudo observar el cometa Halley en 1301. Este cometa, con un periodo de 76 años, también fue observado por los chinos el año 12 a. C., por tanto, no pudo tratarse de la estrella que menciona San Mateo. Al parecer, la Natividad tuvo lugar realmente en la primavera del año 5 a. C., si se corrigen los errores de Dionisio el Exiguo en el establecimiento del calendario cristiano realizado el año 525. El astrónomo británico Mark Kidger apunta una hipótesis que resulta interesante. Los astrónomos chinos y coreanos hablan de la aparición de una nova brillante en la constelación del Águila en febrero del año 5 a. C. Una nova es una estrella cuyo brillo aumenta espectacularmente en muy pocos días. Además, esta nova, antes del amanecer, estaría en el lugar adecuado del cielo para indicar la dirección a Belén desde Jerusalén.
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