El intento de un pasajero nigeriano de activar un artefacto en un avión que cubría la ruta entre Amsterdam y Detroit ha hecho que se activen protocolos de seguridad en los principales aeropuertos del mundo, entre ellos los españoles de Madrid y Barcelona, lo que se ha traducido a simple vista en una mayor presencia de personal de seguridad en las zonas de embarque hacia EE UU y demoras en los vuelos. El protocolo se aplica con el fin de reforzar aún más las medidas de seguridad vigentes en los aeropuertos desde los terribles atentados del 11-S. Ayer mismo se conoció el inquietante caso del experimento de las autoridades eslovacas con ocho pasajeros y la víspera, el primer ministro birtánico anunciaba su intención de introducir los denominados escáneres corporales.
De esta manera, los pasajeros están sufriendo las consecuencias lógicas de este nuevo incidente que pone encima de la mesa la gran pregunta: ¿cómo es posible que hayan fallado todos los controles y un pasajero haya podido introducir un artefacto explosivo en un avión? La preocupación y el miedo se han instalado entre muchas pasajeros, ya que se suponía que todo estaba bajo control. Las normas de seguridad han hecho aguas y los responsables tendrán que dar explicaciones sobre lo ocurrido, no tanto para encontrar culpables como para evitar que vuelva a ocurrir. Mientras tanto, los usuarios de los aeropuertos tendrán que volver a ser pacientes.