Cada tres o cuatro meses, desde hace año y medio, se filtra algún punto que parece que se vaya a incluir en la sentencia que el Tribunal Constitucional dirimirá en su día —lejano— sobre el recurso de inconstitucionalidad del actual Estatuto de Cataluña. Parece como si el tribunal se hubiera convertido en el Tribunal Constitucional de Sondeos, y tratara de tantear a la opinión pública sobre su veredicto, cosa rechazable, porque ya sabemos de la dignidad, de la nobleza, de la integridad de los miembros del Tribunal Constitucional y, sobre todo, de su prudencia. Una prudencia que les encamina a figurar en The Guide and Records Book por la parsimonia con la que, desde hace tres años, dan vueltas y vueltas al recurso sin dirimir una sentencia.