El pasado diciembre nos sorprendió con varios temporales de frío, viento y nieve, en un final de otoño que, como ha señalado AEMET en un reciente informe http://www.aemet.es/es/noticias/2009/12/climatologicootono09, ha sido anormalmente cálido en toda España. La nieve fue especialmente abundante en la montaña y las comarcas interiores del litoral mediterráneo. Muchos titulares de los medios de comunicación se referían a estos fríos como «temporal siberiano» u «ola de frío siberiana». Desde hace unos años, por sistema, se viene asociando el frío y la nieve con la llegada de aire siberiano. Y no es así. Los fríos y nieves del pasado diciembre no los ocasionó la llegada de la masa de aire siberiana, sino masas de aire del norte y este de Europa no tan gélidas como aquélla. No es nada frecuente que el aire siberiano llegue a nuestras latitudes. Sólo en las grandes «olas de frío», con situaciones del NE, puede hablarse de aire siberiano, aunque esta masa de aire acceda a nuestro territorio con rasgos muy desnaturalizados. Se cumplen ahora 25 años de una de estas olas de frío, la de enero de 1985 que tantas pérdidas ocasionó en la agricultura del área mediterránea y sí estuvo causada por aire siberiano.
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