Una chica entra al retrete del instituto, ¿insti?, y se pone una faldita a ras de flor, se quita el jersey y se pone algo más ligero, es decir, deja el escote a ras de pezón, y se estira la felpa para que su rostro de guarrilla quede a tono. En el mismo baño, pero otro día, la misma señorita se la come al Gorras, un chulo que no parece que estudie mucho pero ya sabe manejar a las hembras. En ese insti hay hasta clase y un profesor, aunque este detalle es lo de menos. En los exámenes, o quizá mientras el profe explica alguna gilipollez, un pajillero compulsivo se la casca viendo el lomo y un trocito de braga de la compañera de delante. Tiene quince años. Otro de más edad va de líder, y sabe mantener la mirada con chulería, aunque en su casa vive el infierno de un padre déspota, una madre sumisa y un hermano que lo trata a punta de zapato.
Ante un panorama tan chachi piruli es lógico que haya una psicóloga que ponga orden en el barbecho. La hay. Se llama Eva, de ahí que su guarida, que además da nombre a la serie de Telecinco, se llame así, La pecera de Eva. En ella atiende la titulada, aunque sin ser un experto, uno se pregunta quién atiende a la sicóloga, que también tiene su puntito. Lo primero que se me ocurre es que África, el personaje de Alejandra Jiménez en Los Serrano, aún vive una segunda adolescencia en esta Eva que les pregunta a las alumnas si les gusta que se la metan por detrás sin saber quién lo está haciendo. No me molesta que en las series hablen de esto, ni que lo hagan con un lenguaje casi descarnado, es más, lo prefiero a la soplapollez de lo cursi. Lo que me revolotea en la cabeza es si los padres que la vean dormirán tranquilos pensando si el insti de sus hijos será parecido.