Camps pasa el rodillo en Bancaja. Deja fuera a la oposición después de un cuarto de siglo de consensos.
Primera lectura. La venganza del presidente de la Generalitat por la querella socialista del caso Gürtel se halla entre las sombras de la obstrucción. Quiénes me quieren en prisión no son dignos de convivir conmigo. Es un espíritu teocrático que confunde la esencia del drama: el personaje privado con el público, la democracia con el poder. Soy de la opinión –que me valió una leve crucifixión de la pseudoizquierda refitolera– de que la querella politizaba la causa y deslegitimaba ámbitos judiciales que se expresaban ya de manera autónoma y contundente. Pero esa es otra historia. La nueva es la reacción inusual, ígnea, de Camps. Extraña en política, donde la continencia es un arma cargada de futuro, y perjudicial para la entidad.
Segunda lectura. El perfil de los candidatos socialistas elegidos para formar parte del olimpo de Bancaja ha determinado el «boicot». Es un asunto sustancial, por más que llene de escepticismo a la feligresía socialista y a cierta guarida empresarial. Los llamados a ocupar sillones en los órganos de control del «banco valenciano» seleccionados por la dirección socialista –Alarte y Moreno – y por su órbita sindical o civil destellaban luces negativas en el núclero duro del Consell. ¿Hubieran borrado de las áreas de decisión a personalidades universitarias o a empresarios afines a los socialistas con puentes en las dos orillas? Es muy improbable.
Tercera lectura. En la CAM se ha pactado un acuerdo previo entre los partidos sin mayores dificultades que las nominales al uso. Quien piense que Ripoll ha colocado una frontera para que los deseos «censores» de Camps se estrellen en el muro provincialista se equivoca. Camps puede aplicar la apisonadora también en Alicante. Y está por ver aún si ejecutará sus designios. Lo más probable es que sí. Sólo que allí apenas se notará. No existen vicepresidencias socialistas y el empresario Jesús Navarro, envuelto en la vitola del PSPV, se ha trabajado su presencia entre los sectores del PP. Martín Sevilla es un histórico, permeable y razonable. El orden de las cosas –con boicot o sin él– no tiene posibilidad de teñir el universo de rojo con las guillotinas alquiladas por el Consell. ¿Castigar al PSPV en Bancaja y no en la CAM? Bancaja se halla en la estratosfera de la CAM en punto a la irradiación de sus peripecias. Y sus vértebras y nervios se han templado, desde muchos lustros atrás, con la arquitectura del diálogo. Por eso se nota tanto el castigo.
Cuarta lectura. Mas Millet.
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