Aunque en diversas penínsulas europeas –ibérica, balcánica o escandinava– han sido elegidos, recientemente, gobiernos de izquierda, en el corazón alpino del Continente, a la vez pastoril y pastelero, herbáceo y granítico, la hegemonía conservadora es apabullante. También es, como contrapartida, el único lugar en el que aparecen izquierdas nuevas y emergentes que nos llevan a pastar a verdes prados y nos ofrecen su cayado: consulten el resultado de las recientes elecciones europeas.
Aquí parece que el PP se lo va a comer todo, a juzgar por las encuestas, que no traducen cansancio alguno –y menos aún defección– de su electorado a causa de las incontables travesuras administrativo-financieras de sus adalides, así en Madrid como en Valencia y Mallorca. Se podría inferir, de modo precipitado, que un electorado maduro es, también, cínico y no digo que no, pero lo que tiene el electorado es piel de novia: considera, sobre todo, la seriedad y firmeza del pretendiente, lo dijo Paco Umbral hace muchos años, causando el consiguiente revuelo entre féminas aguerridas cuyo estrépito no permite profundizar, actividad no necesariamente masculina, un respeto.
En el mundo globalizado la televisión pública no puede emitir publicidad, pero Ikea pretende que Paterna le pague las obras. La idea socialdemócrata no resulta fácil de definir en este marco, pero la política, que admite y hasta requiere toda clase de errores con tal de que no sean horrores, castiga la pérdida de perfil como un auténtico pecado original. Por ejemplo, Vic: allí, una coalición local de convergentes, socialistas y republicanos, a la vista de que los racistas pretendían cortar por lo sano en materia de inmigración, se han ofrecido ellos para amputar con anestesia y, suponemos, que con alto sentido humanitario. Por lo demás, sería perfecto que se produjera la alternancia en Andalucía, ya va siendo hora, y ya de paso, en Valencia, donde el flujo aluvial de amiguitos, dádivas, arbitrariedades, derroches, provincianismo y coentor, ha configurado una charca de indignidad.