Después de tres años de investigaciones, el Gabinete de Identificación Terrorista del FBI que descubrió la querencia islamista de Gaspar Llamazares ha efectuado una nueva revelación trascendental. Según el Federal Bureau of Imagination, Osama es Obama. El hallazgo ha requerido el concurso de dos centenares de lingüistas policiales, y su conclusión es irrefutable. Ambos nombres constan del mismo número de letras –cinco, según el recuento llevado a cabo gracias a la capacidad de cálculo de los ordenadores del Departamento de Estado–. Como dato adicional relevante, sólo una letra difiere en ambos personajes, con un índice de correlación del ochenta por ciento.
Este margen de error ha sido suficiente en la mayoría de condenados a la pena de muerte en Estados Unidos. Según Louis F. Grever, director adjunto del FBI, «el cambio de una ese por una be no debería despistarnos. Alterar ligeramente el nombre es un truco habitual entre malhechores, que utilizan las argucias más sofisticados para engañarnos». Además, el argumento gramatical se refuerza con datos anatómicos incontrovertibles. De hecho, las sospechas surgieron al comprobar que Osama y Obama tenían el mismo número de ojos, una coincidencia facial que fue astutamente obviada por el actual presidente durante su campaña a la Casa Blanca.
El argumento definitivo surgió de la comparación de los apéndices nasales. Pese a las dificultades que conllevaba la poblada barba de Osama, un equipo del FBI especializado en Simulación Gráfica Intercapilar –Hairy Simulgraph– demostró que el líder de Al Qaeda no posee un orificio nasal sino dos, singularidad que comparte con Obama y que remató la investigación. El FBI ha dictaminado que el presidente se halla suficientemente vigilado por el servicio secreto en la Casa Blanca, por lo que es improbable que cometa acciones violentas. Después de este nuevo éxito, el FBI está a punto de verificar que Elvis sigue vivo, aunque ahora se refugia bajo la identidad de George Bush.