La conservación de la fauna y la flora o, más todavía, el mantenimiento del equilibrio de los hábitats, es un reto mundial con gran incidencia para el entorno, el bienestar social y la economía. Poner freno a la pérdida acelerada de biodiversidad no es sólo cuestión de responsabilidad, la Comisión Europea advierte de que cuanto más poderosos sean los ecosistemas, mejor podrán afrontar riesgos como las catástrofes naturales, la escasez de agua y alimentos, e incluso, combatir los efectos del calentamiento global, especialmente, en los países menos desarrollados. Las Naciones Unidas estiman que el 60% de los ecosistemas del mundo han sufrido daños por la sobreexplotación y la contaminación humanas en los últimos 50 años. Además, la extinción de especies se ha acelerado entre 100 y 1.000 veces con respecto al ritmo natural mientras. Por ello, 2010 fue declarado Año Internacional de la Biodiversidad. Las metas teóricas ya están fijadas y destaca la importancia de la investigación o el reparto de los beneficios surgidos del uso de los recursos genéticos.
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