No me dejarán mentir las tiendas que hay enfrente. Nos estamos quedando sin cárcel Modelo en Valencia. Está desapareciendo, aminorando, hundiéndose, perdiéndose entre hormigón. Unas moles hasta allá de grandes, hasta de 16 alturas en concreto, se están engullendo la obra de principios del siglo pasado de Joaquín María Belda. Espero que no le pase lo mismo a su Casa de la Caridad. Desde el principio no quedó claro por qué demonios se tenía que construir ese gran complejo administrativo, casi tan grande como la Ciudad de la Justicia. Siempre hay que preguntarse el quid pro quo. Ahora, con la crisis, se agradece el movimiento de obras, pero la inquietud aumenta. ¿Cómo quedará lo que está haciendo allí Juan Azañón? En Barcelona se va a respetar tal cual, sin romper la planta de asterisco. Aquí, no. Consolémonos, de momento, con el recuerdo que nos deja la peli de Berlanga Todos a la cárcel.