No es ninguna broma. El uso político, partidista, autonomista y sectario del agua de los ríos de España, va a exacerbarse los próximos meses. Efectivamente. La mayoría de los pueblos por donde transcurren varios ríos muy importantes (de comunidades diferentes) están organizando la I Convención de Aguas Locales (CAL) que se celebrará el próximo mes de mayo en el Balneario de Panticosa.
Según fuentes de la organización, «nos hemos unido decenas de grandes y pequeñas localidades para reivindicar el caudal fluvial que pasa, en ocasiones, junto a nuestras viviendas, campos y polígonos industriales». Las mismas fuentes sentencian, asimismo, que «el centralismo de las comunidades autónomas sólo vela por ellas mismas, como instituciones, marginando a los pueblos pequeños y las aldeas ribereñas».
No le falta razón a la CAL (I Convención de Aguas Locales), puesto que es de justicia distributiva e incluso de sentido común que los centenares de sitios ribereños también tengan derecho a la denominada «reserva hídrica» que apadrina la Junta de Castilla-La Mancha, cuyo presidente Barreda ha amenazado con «cerrar» el río Tajo.
Detengámonos brevemente en esta original y revolucionaria ocurrencia, que plantea muchos interrogantes técnicos. ¿Cómo se cierra un río? Siendo pequeños, cuando jugábamos a ríos, lo que hacíamos era cegar su desembocadura con baladre, cañas y una argamasa de barro. No era difícil, sin bien es cierto que su caudal era muy inferior al del Tajo.
Descartada, pues, por su dificultad objetiva, esta solución, Barreda puede que recurra a construir una especie de Muro del Tajo, con hormigón armado, garitas con vopos vigilando (como en el Muro de Berlín) y alambradas. Un pantano de nuevo cuño, posmoderno, repoblado con lucios, carpas, morteruelo, barbos, las Casas Colgadas, duelos y quebrantos y gachas.
A todo esto, la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, como es manchega y aspira a suceder a Barreda, está en las mismas o similares genialidades, halagando, como otros colegas en todas las autonomías, el sentimiento aldeano más retrógrado, no solidario y paleto. Café para todos; agua sólo para mí. ¡Qué país! Hemos retrocedido al siglo XIX y principios del XX, y sus políticos de cortas y egoístas miras electoralistas. Y a los localismos. Las crónicas parlamentarias de Wenceslao Fernández Florez (1914-1919) son de mucha actualidad.
Que se vayan preparando los mandamases de algunas comunidades autónomas, y Zapatero, porque la CAL va a desestabilizarlos, tal es el rigor de sus justas reivindicaciones (hemos tenido acceso a un borrador del dossier: admirable) y la indignación popular.
Como primicia informativa, enumeramos, en síntesis, las poblaciones –representadas por sus autoridades- que acudirán a la I Convención de Aguas Locales (CAL).
Bañadas por el Ebro: Reinosa, Gallur, Alfaro, Calahorra, Amposta, Tortosa, Haro y Mequinenza.Bañadas por el Duero: Soria, Peñafiel, Almazán, Tordesillas, Toro y Zamora.
Bañadas por el Guadalquivir: Baeza, Marmolejo, El Carpio, Palma del Río, Lebrija, Camas, Gelves y San Juan de Aznalfarache.
Bañadas por el Tajo y algunos de sus afluentes: Talavera de la Reina, Alcántara, Aranjuez, Guadalix, Perales, Tiétar, Alagón y Lozoya.
Desde aquí, emplazamos a los políticos a no se beban toda el agua que pasa por su pueblo.