Podía haber acudido Gerardo Camps, conseller y vicepresidente de Economía, a la rueda de prensa que tenía comprometida con los periodistas en el marco de Fitur aquella mañana del día grande de la Comunitat Valenciana en la que ni por sueños se podía levantar? Igual sí o igual no. Pero sus dolencias físicas y psíquicas y los virus de última hora no le dejaron alzarse. Si podía o no podía mucho físicamente, lo saben cuatro, pero ya empieza a ser un clamor el mal momento por el que atraviesan sus relaciones con el presidente Camps, su amigo Paco. A Gerardo no se le vio la noche anterior al día de la rueda de prensa en las citas oficiales que había en Madrid. Así es que Belén Juste, la consellera del ramo, se negó a dar la conferencia que tenía comprometida Camps, Gerardo. No tenía nada que decir, ni por qué tapar informalidades de otros.
No tenía ánimo Gerardo para cubrir ese hueco, el que había dejado Francisco Camps sin acudir el día grande de la Comunitat Valenciana a la feria del turismo. Igual podía haber hecho el esfuerzo pero la crisis de los hermanos Vela le ha dejado tocado y no precisamente de la espalda. Tragar con Vela ha hecho que encima tenga que ver cómo su secretario autonómico despacha telefónicamente con el otro Camps, puenteándolo en esas gestiones que sólo se hace ungidas con el óleo sagrado del presidente.
También podía haber hecho el esfuerzo de dar la cara en Fitur, pero tampoco lo hizo quizás pensando que al fin y al cabo él está fuera del caso Gürtel. Ni por asomo le ha visto los bigotes a El Bigotes. Y si no se los ha visto ha sido porque no quiso vérselos, ni él ni su consellería… por eso se desvió la corriente «gurteliana» hacia Vicente Rambla. Así es que ahora que el jefe rehuye Fitur y todos los que pueden, también… no va a ser menos, teniendo menos que ver. Mejor me quedo en la cama.
El caso es que Fitur, desde Gürtel y los concejales socialistas que le arrebataron la alcaldía al PP de Benidorm ya no es lo mismo. Y no sólo por la crisis. Quizás ha podido servir la explicación política de la mancha Gürtel para este desdén y desbarajuste institucionales en Fitur, pero ha mostrado un Consell desgobernado que desampara al sector turístico, tantas veces mimado, precisamente el día de su boda, lo cual revela algo más que un virus inopinado.
¿Qué pasa con Blasco? El conseller, el último conseller de la fila está dejando oir, con el sigilo e intencionalidad que le caracterizan, su reproche de que pese a ser el último conseller del gobierno de Camps, con una conselleria sin presupuesto y sin protagonismo, el jefe no hace más que pedirle que salga a hablar de los asuntos que dominan la agenda política valenciana. Hasta es posible que Blasco le haya comentado a Camps que está dispuesto a hablar del agua, de la financiación autonómica, de lo que sea, pero que ya hay tres vicepresidentes y él no es ninguno de ellos, que el partido tiene un secretario general y él no tiene esas funciones, que hay consellers que se ocupan de esas cosas y él solo tiene que ver con la solidaridad y la ciudadanía. En definitiva parece que está reclamando que el huevo se adecúe al fuero, que se le dote de los cargos convenientes para las funciones que se le requieren. Pero eso sólo puede ocurrir con una remodelación, con una remodelación que Francisco Camps no está dispuesto a hacer. Todos quietos. El «gurtelazo» bueno está por venir en una semanas. Así es que Blasco no tiene una mejor plataforma que llevarse a la boca. Le apoyan en su causa Alfonso Rus y Rita Barberá, pero no es suficiente. Hasta él mismo escampa por ahí posibles remodelaciones de gobierno. Pero no es suficiente.
¿Qué pasa con Rita? Es posible que se deba a la falta de liderazgo actual del propio Camps, absorto como está en el «gurtelazo» que viene, o a que ya no está González Pons dispuesto a decir la más gorda en aras de los intereses electoralistas, pero se ve ahora a Rita Barberá más radical que nunca. Hasta da miedo y no precisamente como la Godzila de Xavi Castillo. Desde que pidió que se investigara como cohecho el regalo de anchoas del presidente cántabro, Revilla, al español Zapatero, se le aprecia una furia desconocida, aunque parezca imposible. Había que oirla, más que leerla, en la convención del PP pasada. Esta semana, que ahora acaba, dijo tales barbaridades demagógicas —como si hicieran falta— del estatuto manchego, que daba sed oirla. El alcalde de Toledo tuvo que saltar al tajo-Tajo. Hasta ZP tiene la culpa, según le señaló con el dedo acusador, de que las fallas pongan el tope presupuestario en 100.000 euros.