Hace ni te cuento sonaba una canción de Los Inhumanos con un título que decía: «Qué difícil es hacer el amor en un Simca 1000», título que se repetía como un tantra o estribillo. Ahora, a las dificultades y a la incomodidad habrá que añadirle una multa de 3.000 euros. ¡Caray o joder, cómo se ha puesto el patio!
Efectivamente: la Ordenanza de Protección del Espacio Público que ha aprobado la Federación Valenciana de Municipios y Provincias, y que sólo conozco por lo que ha contado en este periódico Ramón Ferrando, contempla esa sanción, junto a otras muchas, tan minuciosas y exhaustivas como el reglamento de un colegio de jesuitas en la época de Descartes, durante la Contrarreforma. La ordenanza aprobada no sólo es muy restrictiva («arma coercitiva»), sino quisquillosa y, por lo que parece, prohíbe la rabia sin matar al perro, castiga los efectos sin atacar las causas, como si quisieran, por analogía, resolver los problemas de la educación en el BUP llamándole LOGSE, los de la LOGSE llamándole LOE o, ahora mismo, a propuesta del PP, acabar con el «fracaso escolar» quitándole un curso a la ESO y sumándoselo al Bachillerato.
Uno ya está mayor y ya no está por la «prohibición de prohibir», un sarampión que entre muchos fue pandemia; quiero decir, que uno (yo o cualquiera) defiende la necesidad de la ley, las normas, los reglamentos, las ordenanzas, incluso la de los folletos de instrucciones y los prospectos de las medicinas: hay que ordenar los usos y costumbres que afecten negativamente la convivencia en el espacio público. Llama la atención, sin embargo, que frente al etéreo e inconcreto compromiso exigido a los ayuntamientos de trabajar para erradicar la «exclusión social» en el «reino de los fines», se imponen a los particulares un sinfín de normas y sanciones muy concretas que la refuerzan. Así, en lugar de prohibir la pobreza, se sanciona la mendacidad con 150 euros. ¡Qué sarcasmo! ¡Qué sarcasmo que multen con 400 euros al sin techo que duerme en el banco de un parque! Incluso a quienes practican la virtud de la limpieza personal o higiene contra las dificultades casi insalvables que le imponen las circunstancias, se le multará por el vicio de hacerlo en una fuente pública…En fin: se acabó eso de tocar el acordeón en una esquina, vender pañuelos en la calle, enseñar el muñón en la acera y limpiar parabrisas en los semáforos. Esas cosas habrá que hacerlas en privado, porque afectan negativamente a la convivencia en el espacio público.