El Ministerio de Fomento, con la secretaria de Infraestructuras Inmaculada Rodríguez Piñero al frente, parece estar decidido a ejecutar el tren Gandia-Oliva-Dénia, que conectaría esas comarcas con Valencia y Europa por ferrocarril y daría un sentido, por fin, a las comunicaciones en la Comunitat Valenciana. Pero el hecho de que, en la reunión que mantuvieron el viernes en el ministerio los alcaldes de las ciudades implicadas, Fomento calificara el proyecto de «prioridad absoluta» no ha sido suficiente. Porque no queda claro, en plazos, qué quiere decir exactamente eso. Mientras desde el PP se interpreta que el ministerio no abordará su ejecución hasta dentro de 12 años, desde el PSOE la lectura es más optimista. El nudo que no deja pasar el optimismo es que el ministerio quiere empezar todo desde cero, al entender que los proyectos que ya tiene aprobados el gobierno valenciano no le sirven. No entendemos las razones de tal estrategia. Alguien debería explicar por qué no vale el trabajo de la conselleria. El ministerio debería dar la información suficiente como para que se desvanezcan las dudas de una nueva dilación y de que su planteamiento tiene un programa a cumplir. En estos 36 años de reclamar un tren tan necesario, alcaldes, consellers y Consell de los dos signos políticos han tenido en sus manos el futuro de este proyecto y no se ha hecho nada. Es lógico, pues, el escepticismo. De ahí que sea exigible un planteamiento práctico que huya del pulso político.