Si le gusta la montaña, apreciado lector, probablemente esté de enhorabuena. Dispone de centenares de cumbres y picos —en casi todos los formatos— para disfrutar en el área mediterránea peninsular. Puede que resida a menos de 50 kilómetros de una cima de mil o más metros. Le aseguro que, para decenas de millones de europeos, hacer una escapada a la sierra este fin de semana es una ilusión. Para empezar, ni los Países Bajos, Dinamarca, Letonia, Lituania, Malta o Estonia tienen territorio por encima de los 500 metros sobre el nivel del mar. Tampoco en Luxemburgo (560 m.) o Bélgica (694 m.) les faltará oxígeno al llegar «a lo más alto». Siete países europeos presumen de montañas de 1.000 a 2.000 metros, entre ellos el Reino Unido, Finlandia, Hungría o la República Checa. Como curiosidad, algunos estados europeos comparten techo, al encontrarse la cima nacional en plena frontera. Es el caso de Francia e Italia (Mont Blanc, 4.807 metros) y Albania y Macedonia (Monte Korab, 2.764 m). Aquí, el mal de altura empieza a estar justificado.
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