Lamentablemente hay que sumar una trágica muerte más a las siempre fatídicas estadísticas del tráfico. Son ya demasiadas las vidas de jóvenes y no tan jóvenes ciclistas que han caído en el asfalto de nuestra querida Valencia. Es cierto que cuando hablamos de vidas es perverso hablar de cifras e incluso de culpas, pues sabemos que la vida somos nosotros mismos y todo aquello que nos rodea: nuestras responsabilidades y nuestras actitudes, e incluso la inocencia que acompaña casi siempre a la juventud. Nadie debería morir arrollado brutalmente por un 4x4, y en esto todos estamos de acuerdo.
Los ciclistas de esta ciudad estamos juntos ante el dolor que produce esta trágica e injusta muerte, y deben saber los políticos que trabajaremos tenazmente para que esto no vuelva a ocurrir jamás. Ya lo dijimos en un pleno del Ayuntamiento el veintiocho de febrero de dos mil ocho: «Nosotros somos los primeros que no queremos ciclistas molestando en las aceras, pero tampoco queremos ver como caen en el asfalto….» Todavía recuerdo las caras de atención de una buena parte de la tribuna política en aquel pleno, aunque también recuerdo con tristeza la actitud de algunos -los menos- concejales y concejalas (de ambos partidos) sumidos en una indiferencia total ante nuestras palabras mientras leían la prensa o hablaban por el móvil.
Precisamente la indiferencia es el denominador común de gran parte de los problemas que arrastra nuestra pesada civilización. No es momento de airear debates encendidos y poco constructivos, pues nunca llevan a nada, todos sabemos que son moneda habitual de cambio en una sociedad instalada en la queja y poco dada a la movilización o el activismo para la defensa de sus derechos.
Junto al necesario duelo vamos a seguir explicando a políticos y ciudadanos, que el automóvil no puede seguir siendo el rey de la ciudad, el tiempo de su hegemónica presencia en las calles ha llegado a su fin.
Cuando alguien muere en el asfalto sea ciclista, peatón o conductor, una luz roja se enciende para decirnos que son las máquinas las que tienen que estar hechas a la medida de las personas y nunca al revés. Con la calle y la manera de entenderla y organizarla ocurre exactamente lo mismo. Ya basta de indiferencia, no más muertes en el asfalto.
Presidente de la Oficina de la Bici de Valencia