Los momentos de crisis tienen su aquel. Son momentos que invitan al pensamiento, a la reflexión y, si se llega a conclusiones, a la catarsis. Es decir, a meterse dentro de uno mismo, comiéndose sus miserias para que se produzca el milagro de generar un ser nuevo, distinto de lo que había, dotado de energía y herramientas para afrontar el futuro con éxito. Si no, no merece la pena.
Desde mi visión pragmática de ingeniero y universitario, creo que el sistema público universitario es un instrumento del que se dota la Sociedad para la formación de sus cuadros al mas alto nivel, para la creación de conocimiento nuevo y, además, en el caso de una universidad marcadamente tecnológica, para contribuir a la creación de tejido de calidad, de alto valor añadido y que precise de la cualificación con la que el sistema universitario forma a sus egresados.
Es difícil cuestionar estos tres grandes objetivos de la universidad: formación excelente, generación de conocimiento nuevo y contribución a la creación de tejido económico sostenible y competitivo. En eso creo que estamos todos de acuerdo. Las obviedades tienen eso y es que, enunciadas correctamente, reciben un soporte generalizado.
A la Universidad que realiza estas tres funciones con eficacia medible y cuya resultante fuera el éxito, cualquiera la calificaría de Universidad Excelente, siendo la excelencia un calificativo derivado de la evaluación positiva de las funciones encomendadas por la sociedad a la Universidad Pública. Así mismo, también es palmario que una evaluación seria debe ser llevada a cabo por expertos externos, cualificados e independientes. Aquí nada tendría que ver la política.
Pues bien, visto lo visto, no basta con tener en la Universidad grupos de reconocida excelencia, que los tenemos, ni grandes y cuidadas instalaciones, que también las tenemos, para ser una Universidad de Excelencia. La Excelencia es más que eso.
Una reflexión. De la misma manera que no se le pueden pedir peras al olmo, porque bien es sabido que el olmo no da peras por mucho que lo reguemos, abonemos y cuidemos, no se le puede pedir a la universidad excelencia sin recursos. Una Universidad puede no ser excelente con muchos recursos ( es muy difícil) pero sin recursos suficientes una universidad no puede ser Excelente, es imposible.
El sistema público pone en las universidades unos recursos determinados. ¿de verdad alguien sensato cree que esos recursos, en el caso español, van a aumentar de forma significativa?. Estamos muy lejos de los recursos que implican la excelencia, pero, desafortunadamente, también adolecemos de la carencia de otros mimbres importantes ( con los mimbres que tengamos haremos el cesto), como son la calidad del acceso a los cuerpos docentes universitarios, o la hiperinflación de estudiantes universitarios en la universidad pública. No nos olvidemos que en la universidad se imparten los niveles más altos de la formación superior. El problema no es sencillo y habría que abordar muchos frentes simultáneamente. Sin embargo, desde mi punto de vista, es ahora cuando debemos ponernos a la faena con más responsabilidad que nunca.
Además la Universidad es un referente social, hasta el punto en que, por ejemplo, el gobierno universitario, ejercido por el Consejo de Gobierno, no está estructurado al uso político habitual gobierno-oposición, con unos representantes con disciplina de voto afines al gobierno y otros a la oposición, en función de los votos obtenidos por unos y otros en una elecciones democráticas. En la Universidad no es así. Una vez que de entre las distintas candidaturas, se ha elegido un modelo de gobierno, todos deben remar en la misma dirección. Unos porque tras perder se ponen a disposición del nuevo gobierno para hacerlo y los otros, los que han ganado, porque gobiernan para todos, sin exclusiones ni revanchas. Esto es la teoría. Así habría de ser.
Pues bien, en esta Universidad pública, referente social, con carencias presupuestarias para la excelencia y con serios problemas estructurales fundamentalmente asociados a la calidad y a la cantidad, debemos de hacer algo que nos saque del pozo de la autocomplacencia mediocre. Si tenemos grupos excelentes, que estos sirvan de referencia a otros que no lo son. Si tenemos que complementar los recursos públicos con recursos generados por nuestro esfuerzo adicional, vamos a hacerlo en serio y con el compromiso financiero y de planificación que requiere esta acción. Si necesitamos profundos cambios para el aseguramiento de la calidad en el acceso del profesorado y del alumnado, pongamos los medios para conseguirlo. Tenemos los medios para hacerlo.
Si no lo hacemos, seguiremos teniendo un cesto lleno de agujeros. No es un buen cesto, y mucho menos un cesto excelente.
Catedrático de Telecomunicaciones de la Universidad Politécnica de Valencia