Fisher le ha echado el mismo desparpajo que Calatrava. Tiene talento y un negocio. Y ha venido a ofrecerlo a la ciudad del futuro y de promisión que es nuestra capital. No es de Benimàmet ni tiene amigos en la vecindad, pero tiene el mismo derecho. El arquitecto David Fisher, empero, debe ser el que más sabe de torres giratorias del mundo, pero poco de los usos y costumbres de esta tierra en el sabio oficio de la construcción de edificios singulares, y, principalmente, públicos. No se puede llegar a un despacho oficial como el de un concejal de Urbanismo y decir que tiene la fórmula para levantar sus torres espectaculares rápidamente, en 20 meses. ¿Tan pronto? , se preguntaría el edil. «Por menos de unos cuantos años, no nos movemos». Mal argumento de venta. ¿Y de los sobrecostes… qué me dice? ¿A cuánto me los pone? Una oferta que se precie en este territorio ha de incluir ese apartado fundamental.