Zarra, al igual que los otros ocho pueblos que ya han aprobado su candidatura, se encuentra en el interior, sufre la recesión demográfica y ve en el Almacén Nuclear Temporal una salida a sus problemas económicos y sociales y una esperanza para su futuro: seis millones al año y 500 empleos. Al margen de que la instalación también trae indemnizaciones a los pueblos colindantes, Zarra está a once kilómetros de Cofrentes, pero no recibe ayudas de ningún tipo, al contrario que los pueblos vecinos, que se encuentran dentro del radio de diez kilómetros de la central nuclear.
En una primera impresión no parece que la decisión del pleno zarreño vaya a levantar la polémica de otros sitios. El Consell declaró ayer su disposición a no oponerse al proyecto, al contrario que otros gobiernos autonómicos, y en una primera valoración también los municipios próximos que se han manifestado respetan la iniciativa del alcalde Juan José Rubio. Si en nuestra sociedad ya se escudriña la «denominación de origen» de las basuras urbanas para aceptar su reciclaje o rechazarlo, si se cuestiona la instalación de depuradoras de aguas que favorecen el desarrollo sostenible, si se rechazan vertederos que alivian el acuciante problema de los residuos o parece un sueño imposible poner en marcha incineradoras, esta propuesta pone a prueba la sensibilidad y el sentido solidario en el seno de la Comunitat Valenciana, aunque sólo sea una candidatura.