Como en lo que queda de imperio español ya no hay verdaderos desiertos como el Sahara o, al menos, los de Nevada y Nuevo Méjico —el cabo de Gata no es un desierto sino un campo de flores de estremecida belleza—, al final el cementerio radiactivo (también conocido como Almacén Temporal Centralizado, ¿de jamones?) le va a caer a alguien en la cabeza, de hecho, se le llama cabeza de turco para indicar que es pobre, pobre de La Alcarria —tierra de mieles y trajineros— o pobre de alguna comarca de Tarragona, que ya tuvo que asumir en los últimos decenios los productos del metabolismo del milenario esplendor catalán. De todas formas, no se apuren: aunque algunos residuos atómicos duran más que un notario, un elefante y un loro puestos en tirereta, otros se habrán desintegrado antes de que usted acabe de pagar la hipoteca.
Así que asisto tan perplejo como divertido a la cadena de afirmaciones, renuncias, amenazas y plácemes que provocan los candidatos (al cementerio nuclear) y quienes les bendicen o condenan. Al final, va a ser cierto lo que decía el Nobel Freeman Dyson, que la energía nuclear es inconcebible sin el impulso político en su doble acepción propagandística y financiera, esto es, pagada por todos. Ellos nos cobran los kilovatios, nosotros les pagamos la retirada de la basura que generó su actividad, tan interesante como interesada. O sea, todo aquello de los átomos por la paz y lo que una vez nos prometieron y nunca llegará: energía limpia, barata e inagotable.
Parece que las únicas energías con algún fundamento eran las tenidas por más utópicas: los molinos, las olas, la furia de los volcanes y el sol, claro. Los demás o trafican con malos humos —cof, cof, cof— o son un equipo de vendedores de protección a una inmensa muchedumbre atemorizada. Y nos acaban de subir la luz. Mientras tanto, no se pierdan el próximo capítulo de este sorteo inverso: a quien le toque la china, quizás se haga millonario, no digo que no, pero igual se le vuelven transparentes las ternillas. Y de todos modos, lo que sea menos asustarse.
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