El mes de enero recién terminado ha sido muy frío y húmedo para la mayor parte de España, incluida la vertiente mediterránea, donde las temperaturas han sido más bajas de lo normal y las precipitaciones superan claramente la media. Lo más notable, sin embargo, es la variedad de fenómenos meteorológicos que se han dado: lluvia, vientos muy fuertes, nevadas muy copiosas y heladas intensas. Dicho en una sola palabra, enero ha sido llana y simplemente crudo, como lo era en otros tiempos de los que ya parecíamos habernos olvidado. Crudo es la palabra para las comunidades mediterráneas y gran parte de España, pero si miramos hacia el resto de Europa la palabra es otra: glacial. Si no, pregunten en Alemania, donde el problema no ha sido sólo enero, sino que llevan la mayor parte del invierno bajo la nieve y con heladas que hacen época. Los acontecimientos climáticos nunca deben observarse desde una perspectiva local; por eso es tan importante lo sucedido este año: hablamos de uno de los inviernos más gélidos de los últimos tiempos en el hemisferio norte.
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