Tanto empeño de Rita Barberá y su impetuoso pecho de cruzada por abrirse paso a través de Blasco Ibáñez hasta el mar se comprende poco ante el agudo decaimiento de las grúas antaño enhiestas y se comprende mal porque si hay algo que no necesita ratificación es el trapío de la alcaldesa. Puede que se trate de la vieja pregunta de quién manda aquí, pero de eso tampoco hay dudas. Hay que alcanzar un equilibrio entre las fuerzas de conservación y el impulso de demolición. Es justo y necesario. Si no les gusta el ejemplo de la Barceloneta por catalán, está el de Miami Beach: al norte, hay bloques playeros tan feos como los de aquí (aunque de mejor calidad constructiva); al sur, se conservan los cines, tiendas, talleres y hasta la sinagoga art-déco.
El domingo había mucha gente en el Cabanyal. Tanta que me pasé media mañana saludando a conocidos inevitablemente, ay, viejos. Pero que no les consuele pensar que son «los mismos de siempre». En la mani contra la corrupción, el personal era más joven, urbano y con un toque de iglesia reformada. En la del Cabanyal había más valores simbólicos: cultureta, veteranos de la ofensiva del Tet y el espíritu fecundo de la comarca. Y como dijo un lector de Levante-EMV, que nadie invoque derechos excluyentes: para defender el Cabanyal no hace falta ser del barrio, como no es necesario ser obispo para oponerse al derribo del Micalet.
En cuanto a la organización Spectra, perdón, quería decir el portavoz del PP, Rafael Blasco, que fue republicano albanés, socialista reciclado, valencianista de transición, neoconservador de conveniencia y objetor de la disciplina urbanística, ahora ha acabado, provisionalmente, como maulet de lujo tras predicar la insumisión frente a las tropas borbónicas (supongo que también incluye al líder de estas fuerzas, Su Majestad el Rey). Valencianistas de pega, este «Rasputín valenciano» (que decía Enric Juliana) y sus representados se volverían tan dóciles como buenas novicias y tan obedientes como un soldado japonés sí uno de los suyos lograra asentar el culo en la Moncloa.