De entre los partidarios de la energía nuclear, que defienden en toda clase de foros que se trata de una energía limpísima, pocos se mostrarán dispuestos a que el almacén de residuos se ponga cerca de su casa. El actual debate en Ascó, Yebra, el interior de los partidos, y demás, está en el centro mismo de la cuestión nuclear. Aunque el riesgo de accidente en una central fuera asumible, el asunto de los residuos, activos durante cientos o miles de años, según su clase, sigue poniendo los pelos de punta, y las técnicas disponibles hasta ahora no van más allá del viejo recurso a echar la basura debajo de la alfombra. El dichoso almacén en debate tiene dentro una poderosa energía, la de la contradicción, la energía que en el fondo mueve el mundo. No es lo mismo que a uno le gusten las películas de Drácula que tenerlo por vecino, aunque nos aseguren que el ataúd está bien claveteado.