La apuesta decidida, desde hace unos años, por las energías alternativas nos ha convertido en un país excedentario en producción de energía eléctrica. Los parques eólicos han tenido un protagonismo muy destacado en ello. Siempre he pensado que la implantación de un parque eólico en espacios de montaña debe tener un consenso total de sus habitantes, porque el impacto paisajístico negativo es incuestionable. Recientemente, se ha puesto en marcha el proyecto SeAsturLAb, liderado por la Universidad de Oviedo junto con un puntero grupo de empresas dedicadas a la energía limpia que va a suponer la construcción del primer laboratorio marino de España para investigar las posibilidades de la energía eólica marina. Los beneficios ambientales de la energía eólica nadie los discute y en la costa el sistema de brisas garantiza un flujo de vientos muy constante casi todo el año. Pero ¿estaríamos dispuestos en el litoral mediterráneo, con su riqueza en praderas de posidonia y donde el turismo juega un papel decisivo en la economía, a implantar parques eólicos frente a la costa? Llegado el caso que nos dejen decidir...a los ciudadanos, claro.