En una ocasión que estuve charlando con Leire Pajín cuando era secretaria de Estado saqué sobre ella la impresión de una dirigente joven, con energía, que irradiaba un convencimiento inequívoco en unas ideas y que se movía con la naturalidad de quien todavía tiene los pies en el suelo. Cuatro horas después le pregunté en una esquina de Alicante si venía algún coche —lo de oficial se daba por sobreentendido— a recogerla y me dijo que había quedado con su hermana para ir no sé dónde. A continuación se vio forzada a cambiar la seda por el percal, pasó a formar parte del núcleo duro de la organización, dejó los desplazamientos al Tercer Mundo y emprendió un viaje al interior que, a aquella chavala que yo había encontrado tan espontánea, la llevó a entonar a los pocos meses uno de los jipareis de la temporada al anunciar lo que anunció para el año en el que acabamos de entrar: «Les sugiero que estén atentos al próximo acontecimiento histórico que se producirá en nuestro planeta. La coincidencia en breve de dos liderazgos progresistas a ambos lados del Atlántico..» Ya en 2010 ha vuelto a propinarnos uno de esos asertos que desentumecen los músculos de la cara de los movimientos de cabeza que provoca: «No hay ni un solo cuadro en el partido que esté pensando que vaya a haber otro candidato que no sea el actual presidente del Gobierno.» Tal como se ha puesto el otro, parece verdad. Cualquiera lo jubila ya. Ahora bien, resulta llamativo que se sepa hasta qué piensa cada uno de los militantes y, sin embargo, lo que viene costándole a la secretaria de Organización explicar lo de los suyos en su pueblo por no haberlos echado cuando debieron. Y ahora, cada vez que se le pregunta al respecto, parece que se comete un delito. Témome que no va a ser nada fácil volverla a ver actuar en adelante con frescura. De la otra, claro.