Estamos aún en la precampaña electoral a Rector de la Universitat de València pero ya es hora de que vayamos haciéndonos a la idea de lo que vamos a votar y me alegra comprobar que compañeros de otras facultades se declaran a favor de alguno de los candidatos, destacando sus cualidades o agradeciéndoles la deferencia de que los hayan elegido como miembros de su equipo.
Yo también soy de los que, en el momento presente, ya tienen claro lo que van a votar y me aventuro a compartir con los lectores unas reflexiones.En primer lugar querría dejar claro que conozco personalmente y aprecio de corazón a Esteban Morcillo y Antoni Furió, como amigos con los que he compartido muchas cosas, y que tanto a ellos como a la profesora María Antonia García, a la que sólo conozco por sus columnas en la prensa, su programa y su intervención en el debate de la Asamblea, les agradezco la generosidad de presentarse ante la comunidad universitaria como candidatos a la dura tarea de liderar la Universitat de València durante los próximos cuatro años. No obstante, tengo que reconocer que mi candidato a rector es Vicent Soler y paso a exponer mis razones.
Honestamente, los programas, e incluso las intervenciones públicas de los candidatos, se muestran, afortunadamente, como ha destacado Carmen Amoraga, en la línea de la cortesía y el buen gusto y, lamentablemente, se aproximan muchas veces al discurso políticamente correcto. Pero ya son claras las diferencias y se observa que Vicent Soler es el candidato que preconiza, sin duda, un cambio en la política de estos últimos cuatro años, que se compromete a lo razonable y que, sin rehusar ningún tema, se abstiene de hacer promesas que no podría cumplir. Creo que su capacidad de diálogo, su experiencia en el trato con los agentes sociales, su tantas veces repetida vocación de claridad y transparencia en la gestión universitaria, le merecen un crédito difícil de obtener en un entorno tan crítico como lo es nuestra Universitat.
De Vicent Soler me gustaría destacar su flexibilidad: el hecho de que, pese a ser valenciano hablante, sea capaz de renunciar al uso de su propia lengua cuando el interlocutor se dirige a él en castellano; su capacidad para entender los problemas de la investigación experimental en ciencias básicas, a pesar de ser del Campus de Tarongers y moverse en un área con más estudiantes (muchos más) y sin unos costes tan elevados para la realización de la investigación; su clara oposición a la política de café para todos, pero con un claro respeto por los estatutos de la Universitat; así como su disposición a considerar los hechos diferenciales, pero siempre que se expliquen y se negocien con luz y taquígrafos.
Estos, a mi entender, son los detalles en los que se evidencia la generosidad de un candidato y su capacidad para liderar una comunidad claramente bilingüe y diversa como la nuestra.