El tiempo no es ajeno a nuestra salud. Los agentes meteorológicos pueden agravar, en diversa intensidad, todo tipo de dolencias. El viento fuerte, sobre todo, del norte, influye en nuestro sistema nervioso; la humedad tiene efectos sobre los huesos; los cambios de presión agravan enfermedades, mientras que las temperaturas muy elevadas generan golpes de calor, e incluso, incrementar las defunciones. Además, los niveles térmicos más bien bajos favorecen la transmisión de virus. Recientemente, los científicos han hallado relación entre las épocas más frías de la zona con clima mediterráneo y las roturas de cadera en personas de más de 45 años, según un estudio reciente liderado por el Complejo Hospitalario La Mancha de Alcázar de San Juan. El estudio colectivo, dirigido por José María Tenias, analizó variables como temperaturas, humedad relativa, lluvias o viento, junto con ingresos hospitalarios en dos centros de referencia entre 1996 y 2005. Los resultados revelan que el viento es uno de los factores con más incidencia en las roturas de cadera, a su vez, más recurrentes en otoño e invierno.
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1603 Nevada en Valencia.
1636 La mayor inundación del Pisuerga y del Esgueva (Valladolid). Hubo 150 muertos.
1949 Entre esta fecha y y el día 17, varias riads del Segura.
1954 Temperatura mínima histórica conocida en la ciudad de Málaga, –3,4 grados
El primer meteorólogo que estableció las bases de la predicción numérica del tiempo fue el noruego Vilhem Bjerknes (1862-1951), a principios de siglo XX. Sin embargo, el primero en llevar a la práctica sus ideas fue el matemático inglés Lewis Fry Richardson (1881-1953).
Dicho popular
El agua de febrero mata al usurero