En un contexto de crisis general, Semana de la Moda de Valencia (SMV) ha solventado su octava edición sin que apenas se haya notado el recorte presupuestario. Ha sido, además, la pasarela de la tranquilidad. Y, por ende, ha asentado su propia fisonomía después del abandono de diseñadores valencianos como Montesinos, Laguna y Dolores Cortés, que triunfan en Cibeles. La SMV, que dirige Alex Vidal, ha perdido los nombres consagrados pero ha ganado en especialización en diseño joven y en el nivel de las colecciones a partir de la exigencia del comité de calidad que ha ido puliendo las propuestas. Esta apuesta ha permitido que emerjan en escena figuras como José Zambrano o Juan Vidal. Sin olvidar la vocación por lo propio, tampoco ha renunciado a un carácter abierto y la búsqueda de valores como Ion Fiz. Esta edición ha seguido el camino del contacto con la calle y ha ampliado la Plaza de la Moda al añadir dos desfiles de moda urbana y un «caramelo» como la firma de autógrafos de grandes modelos. El casting ha sido el más significativo de su pequeña historia con 68 modelos, de los cuales 21 han sido internacionales, y se ha incorporado la selección relevante del concurso de Nuevas Caras promovido por Levante-EMV, El Corte Inglés y la SMV. Más de 12.000 asistentes y unos 450 periodistas acreditados de 220 medios de comunicación terminan de dibujar una SMV con un claro futuro, también para la industria, como señaló el conseller Vicente Rambla.