En la Tierra es posible encontrar formas de vida en los lugares más inhóspitos, desde los áridos desiertos a los glaciares helados. Entre los organismos vivos que mejor se adaptan a las condiciones extremas destacan los líquenes como me explica Eva Barreno, catedrática de Botánica de la Universitat de València. Estos complejos simbióticos formados, al menos, por un hongo y un alga, son capaces de permanecer en estado latente por largos periodos de tiempo, para reactivarse de nuevo cuando las condiciones ambientales vuelven a ser favorables. Uno de estos líquenes, llamado Xanthoria elegans, recogido en zonas de alta montaña de la Península Ibérica, viajó hace dos años a la Estación Espacial Internacional a bordo del transbordador Atlantis. Durante 18 meses ha estado expuesto a las condiciones extremas del espacio exterior. La radiación solar ultravioleta, los rayos cósmicos, la sequedad extrema y las tremendas variaciones de temperatura hacen pensar que las posibilidades de supervivencia sean mínimas. Sin embargo, como ha explicado el biólogo de la Agencia Espacial Europea, René Demets, la Xanthoria elegans ha superado con éxito la prueba. De vuelta a casa, esta vez a bordo del Discovery, y situado en un ambiente favorable, el liquen rebosa de actividad vital.
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